Realmente estaba perdida. Perdida en ese paraíso de sabores exóticos, nunca probados. Sentía que por mis venas corrían hormigas, apresurandose por su tardío trabajo. Me provocaban una risa absurda que me contagiaba a mi misma. Me llegó el olor de la vela perfumada, esa que era rosa con una etiqueta en forma de flor. Me coloqué cerca de la ventana, se respiraba el frío y la humedad externa. Sonreí y de pronto, la introducción de aquella canción se repitió una vez más...
"Todos vivimos en el arrollo. Pero sólo algunos miramos a las estrellas".
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