-Perdone...¿Me puede indicar la avenida Soledad?
Caminé hacia ella unos veinte minutos, dejando caer mis sueños, romperse contra el suelo los de cristal, se dejaron llevar por el viento los de papel. No habitaba nadie en mi barrio, era únicamente para mi. Todo estaba descuidado, era un tanto desagradable y caótico. Siempre me gustó el caos era mi propio equilibrio. Hasta que me embargaron y me pusieron como un peón del ajedrez en este cuadro, solitario. Entonces, me di cuenta de que ese caos era yo y que mi equilibrio me le había dejado en el cajón, cerrado sin llave, olvidado como aquel día a punto de llover. Solo si escucho esa melodía vuelo hasta esa ciudad de tradición pequera, es mi droga en modo mixolidio. Oh...mierda, ¿dónde está mi reproductor de música? Le he dejado caer con todos mis sueños, me he vaciado, pensé que asi me sentiría más ligera. No paro de cagarla. Me encanto
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