Nubes de sulfuro en la calle. Una vez que desees que comience esta guerra, nadie llega a ganar en realidad. Tira el papel en el que estaban escritos todos los nombres, que se empape de lluvia, que se empape de vino. Gritos de horror y dolor rasgan el silencio de la noche de aquella que una vez fue una gran ciudad. Rostros desfigurados vagan sin rumbo por las calles abarrotadas de cuerpos con posturas ya relajadas. Y tras esa máscara vestida de uniforme se esconde el miedo de un adolescente de 18 años. Se obliga a mantener fría su mirada a obedecer al fantasma que ni él mismo conoce personalmente. Una fina lluvia calma las heridas de la vieja y gris ciudad.
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