Ese era nuestro rincón. Mío, tuyo y mío. Rincón alfombrado de pétalos y espinos dónde mi mano alcanzaba la punta de tu sombra. Soñabamos, reíamos, cantabamos nanas con letras que no correspondian a la melodía. Entre el polvo nos escondíamos junto con nuestro secretos. No hacían falta palabras, sobraba con sentir la presencia del otro. Y ahora, ¿dónde me he metido, que no me encuentro? ¿dónde se ha escondido la primavera, que no llega? ¿dónde queda la clave de sol en estos parajes? Nuestra canción sorda y estoica nos dejará encontrar la ausencia de nuestras sombras. Pero yo ya no quiero beber tu tinta, te he encerrado en un libro, como a otros tantos. Otro más a la lista de caprichos. Tengo que plantearme cambiar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario